
Hace unos días me preguntaron desde cuando soy consultora educativa; la conversación iba en torno al aniversario de trabajo, lo cuál me llevó a reflexionar sobre el ejercicio de la consultoría; es que antes de graduarme de la universidad ya hacía consultorías y procesos de formación; todos estos pequeños contratos y trabajos eventuales que van sumando y a la vez se diluyen en el tiempo.
Sumaba 10 años o tal vez 14, el sentimiento era más que la experiencia de años, la experiencia de un “side job” combinado con la docencia, el servicio público, la investigación y el voluntariado; no contaba el trabajo de educadora de pares y facilitadora con lo que eran 20; terminaba con una confusión entre experta e inexperta.
Con varios intentos en la última década de dedicarme 100% a ser consultora, recién hace dos años en abril tomé la decisión de elegir la consultoría como el espacio para desarrollarme profesionalmente y cumplir con mis ansias de trabajar por la educación bajo mis términos y condiciones; asumir el cambio de roles que significaba en las relaciones laborales, de contrapartes, colaboradores, clientes. Toda elección tiene sus aprendizajes y hoy quiero compartir algunos de ellos.
- Se puede trabajar con “todos” los actores.
Con una agenda abierta a encuentros, charlas y reuniones, con disposición (energía física y mental) a estos encuentros porque cada uno de estos son principales, no extras ni cuando sobre tiempo.
No existe la necesidad de guardar la postura que requiere el rol o institución bajo un contrato de dependencia; existe un grado de libertad y satisfacción de poder trabajar apoyando a diferentes actores con quienes existe compatibilidad en valores, intereses, misión y visión. Habilita a explicar lo que sucede del otro lado, generar entendimiento, empatía y conexión entre actores; es decir, comprender las necesidades de la escuela y de los padres de familia; o las propuestas de una empresa u organización para el bienestar de la comunidad educativa; así como también sentarse a trabajar con autoridades y servidores públicos para analizar y aportar en el desarrollo de políticas públicas.
- La Validez del Lugar
Un mito que no solo ha sido de construcción propia, sino también desde la universidad y la sociedad, es pensar en que sólo trabajando en una “Gran Organización Civil”, en una “Famosa e Internacional Organización Cooperante”; en una institución pública (sea gobierno nacional o local) e incluso únicamente desde la academia/universidad se pueden trabajar ciertos temas, se puede incidir en la política pública o generar impacto en la vida de las personas. La verdad es que no necesitas de esa permanencia y estabilidad para crear oportunidades de aprendizaje e impactar en trayectorias escolares.
Hay muchas formas de abordar la cuestión docente, los últimos años me han permitido reafirmar que puedo trabajar con docentes si no estoy vinculada laboralmente a ese tipo de organizaciones e instituciones, puedo abordar temas educativos o de interés para la comunidad educativa, puedo trabajar todos los días en ello sin pertenecer a estas organizaciones; y mi trabajo no es de menor valor o menos válido porque no llevo años trabajando con un cargo X en la organización Y.
- Búsqueda de Nuevos Pares
Mientras todos hablan del networking para conseguir clientes, empleos, nuevas oportunidades; poco se habla de quienes te acompañan y con quienes compartes las inquietudes, los triunfos, los fracasos del ejercicio profesional independiente. Es algo muy humano eso de agruparse, reconocerse dentro de un grupo, asociarse y crear comunidad con quienes atraviesan las mismas condiciones que tú. Los nuevos pares con quienes eres cercano y tienes confianza para desahogarte, descansar, revisar propuestas y a la vez le puedes apoyar con tu expertise, tus errores, aciertos y uno que otro tutorial. Tus compañeros de trabajo por elección, aunque cada uno se dedique a sectores o rubros diferentes y lo único que tienen en común sea el home office o freelancing son con quienes intercambiamos más que tarjetas de presentación y cafecitos; con ellos compartes momentos de vulnerabilidad, bloqueos mentales, ansiedad, la espera tras cada envío de propuestas y la alegría de lograr ejecutar y concluir proyectos.
- Lo público, lo privado y la existencia en redes sociales.
Uno de los desafíos más grandes en lo profesional, para mi, es tener un perfil profesional en redes sociales que publique y comparta todo lo que hace. No solo se trata de la frecuencia, sino de los contenidos. Hay una parte de lo público que lo tengo resuelto, otra parte que mantengo en lo privado y mis dudas van por aquí:
Encontrar mi voz ha tomado años, expresar mis opiniones en redes también. Porque yo no opino para viralizarme, sino para aportar, para conectar con otros que piensan igual; y en la cuestión educativa, muchas veces me quedaba a la espera de las opiniones de otros, de leer a expertos y organizaciones expresarse sobre problemas educativos, pero esas manifestaciones no llegaban ¿Entonces quién habla de esos problemas? Los problemas de la política pública no dejan de existir porque nadie habla de ellos. Entonces, me atreví a hablar y escribir mi opinión en el ciberespacio.
Conversar y exponer al público un problema educativo, una nueva normativa o programa cumplen con aportar lo he abordado desde “política educativa para todos” en el blog, en linkedin y en medios de comunicación; compartir sobre la experiencia profesional, lo bonito, lo malo, lo que te da energía y lo que te agota, cumple con conectar y desnudar la realidad del ejercicio profesional en el sector educativo es parte de mis redes sociales (twitter/x).
¿En dónde está la duda? En que me cuesta exponer mi trabajo con fotografías, videos, o reels. Ese contenido espontáneo y orgánico que muchos hacen a diario pero yo me detengo porque no tengo derecho a subir imágenes de NNA o de instituciones educativas sin autorización previa. La protección a la infancia es tan importante que en mi práctica profesional, todo queda en privado: en portafolios de trabajo que los comparto únicamente en entrevistas de trabajo, con colegas cuando bajo una mirada pedagógica o de política revisamos una situación que involucran a NNA, escuelas y procesos formativos.
- Aprendiz, Educadora, Consultora.
Estos dos años han sido dedicados a reconciliarme con él “no sé” como un lugar para la curiosidad y el aprendizaje. Por un momento a causa del burn out, el “no sé” se sentía como una carga, una limitante y no el inicio de una experiencia de aprendizaje que me permitiría crecer. Hoy no saber está bien, hoy él “no sé” compite con otras prioridades y proyectos que me apasionan. Para esta reconciliación fue muy importante parar, aguantar las ganas de inscribirme en cursos y certificaciones porque hay una saturación de información en mi cabeza. La presión de certificaciones o títulos no me sirve. Los gaps en mi cv son llenos de experiencias y esta pausa era fundamental para encontrar mi voz profesional y engancharme nuevamente con la investigación educativa.
Este proceso de reconciliación interna me ha llevado a preguntarme sobre mi capacidad de enseñar, ¿qué quiero enseñar? ¿a quién quiero enseñar? Aunque he visitado muchas escuelas en estos años, dar charlas y conocer a más colegas, pasar de aulas a auditorios, reuniones con colegas, conociendo proyectos, autoridades y docentes que me inspiran, mi lugar ya no es el aula de primaria o secundaria. No es una institución educativa o modelo pedagógico específicos, es un lugar en el que pueda trabajar con todos, con una o varias comunidades educativas.
Hay una vocación docente que se transformó en charlas, conferencias, materiales digitales, hilos en X y vídeos para diversas audiencias con el fin de promover el desarrollo humano, poner la educación en la agenda pública. Me transformé en educadora y consultora para poder alcanzar e impactar más vidas, más trayectorias escolares, transformar vidas, que los proyectos lleguen a las escuelas y estudiantes, generar más oportunidades, dar a conocer los proyectos, generar conexiones y contagiar felicidad.
Termino esta reflexión con lo logrado: construirme como una voz crítica, como una profesional al servicio de la educación y las comunidades educativas. Con desafíos como tener más presencia en redes sociales y espacios públicos, con la paciencia y el compromiso para ir cumpliendo una cosa a la vez; el cambio empieza por una comunidad educativa, un docente, un aula, un estudiante.
Con un camino delineado: asesorar y fomentar la colaboración con comunidades educativas, empresas, gobiernos y organizaciones de la sociedad civil (OSC) para promover una educación de calidad y el desarrollo humano. Sin dejar de investigar, escribir y opinar sobre temas relacionados con políticas educativas, los vínculos entre los actores del sector educativo; y, los derechos de los niños, niñas y adolescentes. Hoy reafirmo: soy consultora educativa por vocación y elección.
Gracias por leerme, por acompañarme en esta construcción de sentido, en esta práctica que cambia y crece. Gracias a quienes han sido parte de este camino, quienes confían, quienes preguntan, y quienes conversan desde la experiencia o la curiosidad. Estoy aquí para seguir aportando, aprendiendo y colaborando.
Transformar la educación no es tarea de una sola persona. Pero cada voz, cada vínculo y cada acción cuenta. Cuenten conmigo para seguir sumando desde la práctica y la reflexión. Este es mi compromiso con la educación. Si el tuyo también camina por ahí, escríbeme, conversemos, construyamos puentes.
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