Desafíos de la Política Educativa Postpandémica

Ponencia V Congreso Ecuatoriano de Antropología Cultural, Lingüística y Arqueología USFQ. Sesión N° 7 Educación e investigación en el contexto post pandémico. 26 de julio 2024

¿Qué sucede en la escuela? Hay procesos de enseñanza-aprendizaje, de protección y cuidado. Es el lugar donde se ejercitan y garantizan derechos (educación, alimentación, salud, participación, juego, desarrollo), el lugar de formación de ciudadanos y trabajadores, donde se crea el tejido social a través de la convivencia de una población heterogénea, bajo ciertas reglas, durante periodos determinados;  también donde existen conflictos propios de la convivencia.

El cierre masivo de escuelas en marzo del 2020, es un hito en la historia de la humanidad y de los sistemas educativos que transformó la educación, aceleró la innovación, el uso de tecnologías, profundizó la crisis de aprendizajes; redefinió los segmentos de la población que son incluidos y los que son excluidos de la experiencia escolar e impactó en los roles y vínculos de los actores educativos. La crisis se configura por la incertidumbre de un nuevo virus altamente contagioso del que hasta ese momento existió desconocimiento en su origen, comportamiento y consecuencias; y, la interrupción de la asistencia presencial a la escuela que afectó a 167 Estados, un billón y medio de estudiantes en el mundo; y, en el caso de Ecuador, a 4 millones y medio de estudiantes del Sistema Nacional de Educación.

La suspensión de la presencialidad, pone a su vez en suspenso la experiencia escolar como la conocemos; porque esta muta, nunca se detiene. La adaptación de sujetos e instituciones a las nuevas condiciones de aprendizaje y enseñanza generan importantes cambios en los dispositivos de la política educativa: el currículo, la normativa; la formación docente; el asesoramiento pedagógico; la evaluación y promoción de los estudiantes; la elaboración y acceso a recursos educativos. Entender la funcionalidad de las intervenciones pedagógicas, las estrategias de política educativa, lo que funcionó y lo que no funcionó para sostener la educación en este periodo, es clave para pensar en el futuro de la educación. Las consecuencias tanto positivas como negativas de esta metamorfosis son los problemas de la política educativa de la post pandemia.

Me propuse examinar la transformación de los sistemas educativos debido a la pandemia del COVID19 limitando el estudio al periodo que va desde el 11 de marzo del 2020, con la declaración de la pandemia por la OMS, hasta el 11 de mayo del 2023, fecha en que el COE Nacional adopta la resolución de la OMS y declara el fin de la emergencia sanitaria por el COVID19.

Al  día de hoy cuento con una línea de tiempo sobre los eventos relevantes para el sistema educativo. He dividido la educación en pandemia en cuatro fases. La primera fase: educación remota de emergencia que comprende el periodo desde el 12 de marzo hasta julio del 2020; la segunda fase es la educación virtual de la “nueva normalidad”, que va desde agosto del 2020 a julio del 2021; la tercera fase: educación híbrida de semipresencialidad voluntaria que va desde agosto de 2021 hasta febrero del 2022 y; la cuarta fase que comprende la presencialidad obligatoria, que va desde febrero del 2022 a mayo del 2023.

Objetivo:

Recopilar los aprendizajes de la educación durante la pandemia para el desarrollo de políticas educativas en la post-pandemia a través de la reconstrucción de los eventos significativos, relacionándolos con las experiencias y las decisiones de los actores del sistema educativo, para determinar su  influencia en la transformación, el sostenimiento del derecho a la educación y la reapertura de escuelas. Además, identificar cómo el cierre de escuelas impactó en los vínculos de estos actores.

Desafíos de la Política Educativa Post Pandémica

Mi objeto de estudio son los actores que se mueven en diferentes niveles jerárquicos combinando los niveles de macropolítica y micropolítica educativa, relaciones jerárquicas asimétricas y otras simétricas que habilitaron relaciones colaborativas. Me enfoco en 10 vínculos que los iré mencionando en los desafíos.

Para empezar hablemos de la unidad básica en los procesos de formación: la tríada pedagógica, formada por docente, estudiante y conocimiento. Alrededor de este se encuentra la escuela como hilo conductor y espacio habilitador para la conexión entre docente y estudiante y la transmisión de saberes.

Primer desafío: la emergencia de un nuevo educador.

Durante la educación remota de emergencia, la suspensión de presencialidad implica que la escuela ingresa en el hogar, hay una disolución de las barreras entre escuela y familia. La política educativa de la post pandemia debe considerar que los padres o madres tomaron la posta de la educación de sus hijos. Tanto para quienes tuvieron acceso a dispositivos, conexión a internet y docentes  como para quienes no tuvieron acceso 100% a ello, la educación ocurrió en casa, o no ocurrió.  Los niños, niñas y adolescentes se quedaron en casa cumpliendo su rol de estudiantes, mientras que los padres cumplieron, además de su rol de cuidadores y trabajadores, el de asistentes pedagógicos de sus hijos.

El “Homeschool” se formaliza a nivel normativo, pero también es una expresión de las familias que,  forzadas por las circunstancias, adaptaron las aulas a su hogar . No hay escuela, hay flexibilidad curricular y educación socioemocional, hay dificultad en el desarrollo de destrezas básicas. A la vez, las relaciones entre padres e hijos se desgastaron.  Entonces, al momento de volver a la educación presencial, los familiares que acompañaron a los estudiantes tienen una visión renovada de lo que funciona o no, lo que les gusta o no de los modelos pedagógicos, del uso de tecnología y  el rol del docente. 

El desafío es escuchar a ese nuevo educador y darle respuesta, ya sea en la escuela presencial con espacios de participación, con guías sobre crianza y formación a la par de sus hijos o en la modalidad homeschool.  El acompañamiento desde la escuela y desde el Ministerio debe empezar con la pregunta: ¿cuál es la mejor forma de apoyar a los padres para que no sientan una sobrecarga en el acompañamiento pedagógico y recuperen su autoridad en el hogar?

Segundo desafío: Encontrar un equilibrio digital.

Sherry Turkle, una psicóloga que ha estudiado por más de 50 años las relaciones entre humanos y pantallas, en su ensayo a favor de la conversación, analiza casos de estudiantes de nivel primario, secundario y universitario que han perdido la capacidad de ser empáticos y que huyen de las conversaciones. Las interacciones mediadas por celulares y mensajes de texto son menos profundas,  más rápidas, y están sujetas a constantes interrupciones. Los estudiantes perdieron la práctica de la empatía: aprender a mirar a los ojos, a escuchar y a prestar atención a otros.

Durante dos años las relaciones escolares se mantuvieron a través de pantallas; las plataformas para el aprendizaje y las aplicaciones de mensajería fueron el hilo conductor en la transmisión de conocimientos, de las conversaciones entre estudiantes y sus pares, así como entre estudiantes y docentes. Las conversaciones que sucedían en el aula física, los diálogos de pasillo, interrupciones de clase y los ruidos fueron silenciados. Los docentes tenían el poder de apagar el micrófono y administrar el uso de la voz; mientras que los estudiantes respondían apagando las cámaras.

A pesar de que el Ministerio de Educación, siguiendo lineamientos internacionales, recomendó un tiempo de pantalla limitado hasta dos horas, la escuela reprodujo el horario escolar en clases sincrónicas. La educación bancaria virtual produjo agotamiento, estrés, depresión, impactos a nivel cognitivo y adicción al uso de dispositivos móviles.

El desafío para la post pandemia está en encontrar un equilibrio digital, en la prevención del abuso y el uso incorrecto de dispositivos celulares y redes sociales. Hay que preparar a niños, niñas y adolescentes en el uso ético de estas herramientas y los posibles riesgos para su seguridad. Los celulares tienen que salir del aula para enseñar a los estudiantes a socializar sin estos. Mientras que debemos enseñar a usar dispositivos, software, inteligencia artificial y netiqueta que les permitan insertarse en el mercado laboral y convivir en la aldea digital.

Tercer desafío: Las experiencias perdidas y re-escritas

La cultura escolar tiene ritos y simbolismos en la formación ciudadana, que marcan etapas del desarrollo. La cuarentena suspendió actos de graduación, jura de la bandera, primera comunión, confirmación, día de la familia, entre otras conmemoraciones cívicas, religiosas y sociales. Conforme se relajaba el aislamiento preventivo obligatorio, el Ministerio creó protocolos para realizar algunas de estas celebraciones con aforos limitados.

La reapertura de escuelas requirió además protocolos para el uso del transporte escolar, público y privado; medidas de bioseguridad, el uso de  mascarillas, la designación de espacios prohibidos y permitidos dentro de la infraestructura escolar; la promoción del distanciamiento social. Cómo lo mencioné hace un momento, los dos años de educación virtual sincrónica, asincrónica e híbrida trajeron nuevas reglas para asistir a clases, una suerte de netiqueta escolar.

Mientras los estudiantes permanecieron encerrados y alejados de la escuela por dos años, el retorno a la presencialidad tuvo un gran obstáculo: la indisciplina social. Cada vez que había un feriado o se permitían abrir bares, discotecas y centros de diversión nocturnos, se producía la saturación de hospitales debido al incremento de los casos de covid19; sin embargo, lo primero en cerrar eran las escuelas, aunque, el aumento de casos no tenía nada que ver con el desarrollo de actividades escolares presenciales. Incluso con la vacunación del personal escolar y de estudiantes, se suspendió la presencialidad en las instituciones educativas autorizadas.

Los niños, niñas y adolescentes vivieron el encierro como un castigo no merecido; con la visión de que ellos eran objeto de protección o los transmisores del virus, por lo que fueron aislados. Aunque lo vivido en sectores urbanos difirió a lo rural; la pandemia dejó a niños y adolescentes a su suerte, sin escuelas y sin padres presentes pues volvieron al trabajo presencial. Hasta el día de hoy todavía no se habla de las nuevas orfandades infantiles causadas por esta pandemia o de los embarazos adolescentes con fines de reconstitución familiar. Temas para investigar.

Un aspecto negativo de esto, es que para compensar el encierro y el desgaste en las relaciones entre padres e hijos, los límites y consecuencias a comportamientos agresivos, contrarios a la normativa educativa, la honestidad académica e incivilidades en general; han sido laxos. El quebrantamiento del tejido social, la impunidad ante actos de corrupción, de quienes no cumplieron con el aislamiento y la violencia también generan agresividad en la escuela.

Es necesario discutir sobre cómo en el retorno a la presencialidad ahora existen ritos, que antes no eran comunes en Ecuador, como por ejemplo: el último primer día de clases para los estudiantes de 7 EGB y 3 Bachillerato; el incremento de celebraciones alrededor de las graduaciones en todos los niveles, desde inicial a bachillerato; los excesivos eventos sociales para padres de familia, conmemoraciones que representan un costo, incluso, con la gratuidad de la educación como garantía constitucional.

El desafío de la política educativa post pandémica está en establecer los acuerdos que permitirán rehabitar la escuela y adoptar los nuevos ritos escolares sin desbordar en lo económico a las familias, ni en lo emocional a los estudiantes.

Cuarto desafío: Rehabitar la escuela.

 La pandemia desnudó a la escuela y demostró su vulnerabilidad. Durante la cuarentena hubo más robos de recursos educativos y vandalismo. Cada vez que subían los casos positivos de covid19 por la indisciplina social, los paros o la violencia, se suspendía la presencialidad. La escuela continúa siendo un lugar de depósito y encierro para hijos cuyos padres trabajan y no tienen tiempo para cuidarlos. Dos años después, todavía se mantiene una percepción negativa sobre ella. Es vista como la gran responsable del retraso en los aprendizajes, aunque su cierre se debió a las disposiciones sanitarias y no por decisión de las autoridades educativas.

Mientras, los entes gubernamentales, las organizaciones civiles y de cooperación desarrollaban estrategias para la apertura de escuelas, a través de recursos económicos, formación docente, infraestructura, provisión de alimentación escolar, etc, ciertas organizaciones locales pusieron trabas jurídicas para la presencialidad. La pandemia causó que la normativa educativa quedara obsoleta, alejada de la realidad de la gestión escolar y de la vida en las aulas. La Asamblea Nacional aprobó en este periodo reformas normativas con leyes escritas para el pasado.

En cuanto a la política y planificación educativa hemos centrado la planificación y gestión educativas para un solo escenario: el de la presencialidad. Los esfuerzos hacia la flexibilización de la educación e inclusión de niños, jóvenes y adultos que no pudieron acceder a la escuela y al sistema fueron mínimas e insuficientes en la pre pandemia. El desafío de la post pandemia es seguir expandiendo la oferta educativa, la flexibilidad del currículo, el modelo pedagógico para incluir a más estudiantes y familias.

El desafío de la política educativa está en sostener el compromiso con la educación democrática de la que nos habla Guttman (1999): Una educación democrática es el balance entre la educación de las familias, la educación de los docentes y la educación del Estado, para la formación de ciudadanos. Aprendimos que sin docentes no hay enseñanza, lo hemos constatado, con tecnología, en cuarentena, el mundo sigue requiriendo de la mediación docente entre el estudiante, los conocimientos y el desarrollo de destrezas. El desafío para la sociedad post pandémica es rehabitar la escuela.

El mejor lugar para trabajar en la subjetividad de los individuos y generar resiliencia, es la escuela y en la presencialidad. Nuestras reacciones y acciones en el contexto de la pandemia fueron lo que mejor supimos hacer. Reconozcamos la valentía de estudiantes, familias, educadores y directores de escuela;  el  liderazgo de las Ministras Monserrat Creamer, María Brown y sus equipos; el compromiso de las organizaciones cooperantes, civiles y empresas que aportaron en el sostenimiento de la educación; la solidaridad y confianza de personas naturales y líderes barriales que se organizaron para que sus comunidades tengan acceso a la educación en medio de la crisis.

Tomemos estos desafíos como un llamado a la acción para la generación de políticas educativas, para generar conversaciones que sean un punto de partida para la investigación y el acompañamiento a las comunidades educativas. Todos pertenecemos a la escuela y la escuela nos pertenece a todos. Somos interdependientes.


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Published by Luiza Daniela Miño | Consultora Educativa

Soy Luiza Daniela Miño, consultora educativa. Acompaño a familias, comunidades, instituciones, gobiernos y organizaciones en el diseño de programas, recursos y experiencias de aprendizaje que promuevan la calidad educativa, la participación social y la garantía de derechos de niños, niñas y adolescentes. Con experiencia docente y en investigación, mi trabajo busca tender puentes entre la escuela, la comunidad y los actores que transforman la educación.

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