Lunes 13 de noviembre, 9 PM. Faltan 10 días para la posesión del Presidente Electo, Daniel Noboa, y nuestro querido gigante no tiene quien lo guíe todavía.
Para quien no lo conoce, este gigante parece un monstruo, para quienes lo conocemos sabemos que es el motor del presente y futuro del país. Su trabajo es esencial, cada día crea oportunidades para niños, niñas y adolescentes, lejos de ser perfecto, el gigante crece y acoge nuevos retos, nuevas ideas, nuevas necesidades de las familias y del mundo del trabajo.
Este gigante tiene unos huesos muy fuertes que durante la última década se han fortalecido con una mezcla de experiencia, formación de posgrado, apoyo técnico de organizaciones internacionales; son estos huesos los que sostienen el peso de desarrollar e implementar políticas de Estado.
La pandemia lo convirtió en transformer, algunas partes sin vida, otras cerradas, su esencia se mantuvo con fibra óptica, cables, redes, guías, valientes docentes que llevaban mapas a los aprendices. La transformación de este gigante trajo nuevas oportunidades y desafíos a la educación; aunque débil, enfermo y con un flujo sanguíneo limitado NUNCA paró, nunca durmió.
El gigante recibió hace un par de años a una nueva capitana, ella llegó con un diagnóstico y una cura para la enfermedad del gigante. Este gigante se expandió con la ayuda de nuevos amigos, fue en búsqueda de aprendices perdidos, creó nuevos planes; y, sus ideas para el futuro salieron desde sus huesos, hacia su corazón, ahí donde todos los amigos, los expertos, los estudiantes, la capitana y los marineros se reunieron para escuchar y dar forma a las ideas.
Mientras nuestro querido gigante se recupera, ya tiene nuevas amenazas, llega El Niño que traerá inundaciones, que lo golpeará, pondrá a prueba el transformer que lleva dentro. Además cambiará de capitana y marineros en unos días, todo parece un caos y lo único que necesita es que alguien lo guíe, lo acompañe y lo cuide. Que antes de tener un nuevo capitán que lo desafíe y haga crecer fuerte y sano, los expertos y profesionales que quedan a cargo se sienten en la misma mesa de los que se van.
¿Para qué sentarse en la misma mesa? Porque este gigante no es cualquier gigante, único en su especie, alberga miles de instituciones educativas de diferentes tipos y tamaños; millones de estudiantes de todas las edades; cientos de miles de docentes por toda la nación. Entonces, sobre esta mesa se pondrán todos los detalles de cómo funciona el gigante, minuto por minuto y en toda su extensión. Su salud, y por lo tanto, la felicidad y el futuro de millones de niños, niñas y adolescentes depende del encuentro entre capitanes, el trabajo en conjunto por un buen tiempo, la comunicación y el apoyo de los amigos de aquí y de otras fronteras.
No nos queda más que vigilar y llamar al próximo presidente para que nombre un capitán que guíe, atienda, proteja y nutra a nuestro querido gigante.
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